Cerca del 5% de la población padece pérdida de olfato o anosmia, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que alerta de los problemas que puede suponer para otros sentidos como el del gusto.

La anosmia es un problema poco frecuente y por eso gran parte de los 400.000 españoles que la padecen no son conscientes de ello. Este trastorno olfativo, que impide apreciar cualquier olor, puede venir acompañado de otros síntomas como depresión o falta de apetito.

Las alergias y las infecciones de las vías respiratorias altas son las causas más comunes de este deterioro y, de hecho, entre un 20 y 40 por ciento de los pacientes con rinitis alérgica sufren disfunción olfativa,  según una revisión de estudios publicada en The Journal of Allergy and Clinical Immunology. También puede originarse por problemas en los centros nerviosos relativos al sistema nasal o las deficiencias de la vejez.

Esta afección olfativa supone una doble pérdida pues el sentido del olfato completa al sentido del gusto determinando, en gran parte, el sabor y la palatabilidad de las comidas y bebidas. Ambos sentidos,  por su funcionalismo semejante han sido valorados de una manera conjunta, en determinados aspectos, y se les ha agrupado bajo la denominación de sentidos químicos.

La disminución de la percepción olfativa puede acompañarse de importantes modificaciones de los hábitos nutricionales de los pacientes. Para estas situaciones se utilizan tratamientos de potenciación  del olor y del sabor en los ambientes domésticos habituales, en los alimentos, etc. en un intento de disminuir el impacto de la pérdida de la capacidad olfativa sobre el sujeto.

 

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