El otoño está a la vuelta de la esquina y, con él, los temidos resfriados. La bajada de temperaturas, una mayor humedad en el ambiente y los cambios térmicos repentinos conforman un cóctel que favorece la transmisión de infecciones respiratorias. El resfriado o catarro es, quizá, la más frecuente de las enfermedades entre la población general, y consiste en una infección de origen viral del sistema respiratorio, que produce congestión y dificultad para respirar, dolor de garganta, estornudos o secreciones nasales, entre otros síntomas. Es bastante contagiosa y afecta a todas las edades, aunque lo cierto es que se trata de una afección leve y su recuperación es rápida, durando aproximadamente una o dos semanas.

El comienzo del curso escolar suele ser el que marca la temporada de los catarros, puesto que los niños, al estar en continuo contacto con otros menores, tienen más posibilidades de contagiarse, trayéndose los gérmenes a casa. Con el objetivo de evitar caer en las redes de estos virus, los otorrinolaringólogos recomiendan seguir una serie de pautas o consejos:

  • Uno de los más importantes es el de lavarse las manos con jabón. Parece obvio, pero no debe olvidarse. Las personas están a menudo tocando cosas, animales, alimentos, dinero, van al baño, etc., por lo que están expuestas a multitud de microorganismos y gérmenes que no se ven, pero que pueden causar enfermedades. De hecho, tal y como indican en la organización Lavado de Manos, son más de 200 las patologías que pueden contagiarse a través de las manos, si éstas no están limpias, como la gripe A, neumonía, bronquiolitis, tosferina o el resfriado común.
  • Es necesario utilizar siempre pañuelos desechables, taparse con ellos la boca al estornudar, para impedir esparcir los microbios; evitar el contacto con otras personas enfermas y no tocarse la cara, puesto que la nariz, los ojos y la boca son las partes del cuerpo más sensibles para la entrada de organismos nocivos.
  • Cuidado con los espacios cerrados. Son lugares en los que suele haber mucha gente, por lo que la posibilidad de contagio es mayor. Lo mejor es permanecer en lugares abiertos o bien ventilados, aunque evitando los cambios bruscos de temperatura, protegiéndose del frío. También debe airearse las habitaciones de la casa.
  • Recargar la vitamina D. Al exponerse al sol, las personas producen en su cuerpo esta vitamina, algo que no ocurre con tanta frecuencia en otoño e invierno, debido al menor número de horas de luz. Por ello, es importante buscar ese aporte en alimentos como los pescados azules, los champiñones o el queso. Además, cuidando una alimentación rica en vegetales, omega 3 y productos naturales, así como aquellos que tienen propiedades antibióticas, como la cebolla o el ajo, se protegerá al sistema inmune de cualquier infección.
  • Evita el estrés. Los nervios y los estados de ansiedad y estrés pueden contribuir a que el sistema inmunológico se debilite, bajen las defensas y, por tanto, haya vía libre para la entrada de infecciones. Por tanto, es importante el descanso, estar relajado y dormir entre siete u ocho horas, así como realizar ejercicio físico de forma habitual.
  • No automedicarse. Según el estudio “Percepción y hábitos de la población española en torno al resfriado y gripe”, avalado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), más de la mitad de los españoles se automedica (un 55%). Hay que recordar que los antibióticos se utilizan para acabar con las bacterias, no con los virus, y su uso indebido provoca que el organismo se haga resistente a ellos.
  • Evitar el alcohol y el tabaco. Ambos debilitan el sistema inmune, lo que hace que haya más posibilidades de resfriarse. Además, si ya se tiene el catarro y se sigue fumando, este agrava aún más los síntomas, puesto que resecan las vías respiratorias y puede inflamarse la garganta.

Estas pautas pueden evitar el contagio, aunque es difícil no caer en un resfriado en esta época. En cualquier caso, cuando se padece un catarro, es importante saber que no existe ninguna vacuna efectiva ni tratamiento etiológico, salvo el uso de analgésicos que ayudan a controlar los síntomas.

 

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