tragar

La presencia de cuerpo extraño faríngeo o hipogaríngeo es una patología muy frecuente en niños, fácil de diagnosticar y tratar. Los más habituales en la práctica otorrinolaringológica son las espinas o cartílagos de pescado, huesos pequeños, así como objetos metálicos dejados, inadvertidamente o con intención, en los alimentos. Otros menos frecuentes son prótesis dentales, alfileres, monedas…

Si por accidente o por intención, un niño se ha tragado uno de estos cuerpos extraños faríngeos, los síntomas que puede presentar son dolor faríngeo que aumenta con la deglución. Lo importante será acudir al servicio de urgencias más próximo para que sea atendido por un especialista en otorrinolaringología. Para su diagnóstico será preciso evaluar la posible relación de las molestias con la ingesta, el tipo de cuerpo extraño o el tiempo transcurrido desde que se lo ha tragado. Para ello se preguntará al menor o a sus padres sobre la naturaleza del objeto ingerido.

También puede suceder que el cuerpo extraño esté en la zona de nasofaringe a la que pueden llegar por dos vías. Una de ellas es debido a una mala técnica de extracción de cuerpo extraño, al inicio nasal, y la otra es porque se haya impactado como consecuencia de un vómito. También pueden localizarse ahí como resultado de gasas olvidadas después de maniobras de taponamiento para cohibir hemorragias durante la adenoidectomía (la llamada operación de vegetaciones).

Lo importante es que el niño esté tranquilo para facilitar la exploración y la extracción del cuerpo extraño en caso de que sea necesario. El paciente se sentará en el sillón de exploración y deberá no deglutir saliva, además de señalar exactamente el lugar en el que nota el cuerpo extraño para que el especialista se pueda hacer una idea de su localización.

Entre los síntomas que puede presentar, dependiendo de su localización, son dificultad total para tragar o disfagia, mucho dolor, babeo y regurgitación total, si se localiza en el tercio medio del esófago. Si el cuerpo extraño es laríngeo el niño presentará disfonía, accesos de tos y, dependiendo del tamaño y la localización del mismo, puede incluso presentar disnea o dificultad respiratoria.

El especialista realizará la exploración de la cavidad bucal, las fosas amigdalares y la orofaringe. Si fuera necesario explorar la hipofaringe o la laringe, será necesario realizar una laringoscopia.

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