La Navidad es una época de celebraciones, comidas con la familia, reencuentros, regalos y felicidad, pero también son las fechas en las que más atragantamientos se producen, puesto que se ingieren determinados alimentos que, durante el resto del año, no suelen comerse. Los más susceptibles de sufrir una crisis de sofocación son los mayores y, sobre todo, los niños, por su tendencia a llevarse a la boca cualquier objeto o alimento que les llame la atención y porque sus vías respiratorias y tubo digestivo no están completamente desarrollados. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística sitúa la aspiración de cuerpos extraños en el cuarto lugar de los accidentes infantiles.

Ya sea por los polvorones, el turrón o, incluso, las doce uvas para dar la bienvenida al nuevo año, el caso es que hay que tener especial cuidado estos días. Algo muy a tener en cuenta de cara a la cercana cena de Nochevieja. Según un estudio reciente publicado en la revista Nurs Child Young People, las uvas consumidas enteras (con piel y con pepitas) son la tercera causa de asfixia relacionada con la comida en menores de cinco años.

Esta fruta es uno de los productos con los que más se atragantan los niños, pero no el único. Las salchichas y los caramelos, que gustan tanto a estos miembros de la familia, son especialmente peligrosos. Ambos ejemplos tienen un tamaño similar al de las vías respiratorias, por lo que es más fácil que se atasquen en la hipofaringe de un niño y obstruyan el conducto.

Otro de los alimentos que más preocupan son los frutos secos, muy presentes en las comidas y cenas navideñas, sobre todo en los dulces. Es más, la Asociación Española de Pediatría señala que no deben darse nunca frutos secos sin moler antes de los tres años de edad, debido al alto riesgo de atragantamiento y crisis de sofocación y sería recomendable no hacerlo hasta los seis o siete años. Esto se debe a que los niños no son capaces de masticar ni triturar como lo hace un adulto, por lo que el fruto seco puede aspirarse por accidente hasta el pulmón, obstruyendo la respiración o, incluso, provocando patologías como una neumonía o algo más grave.

Las manzanas, zanahorias crudas, semillas, palomitas de maíz, trozos grandes de carne, cacahuetes o chicles, entre otros, son otros alimentos con los que los niños pueden asfixiarse por aspiración. Sin embargo, estos episodios no solo pasan con la comida. También con las piezas pequeñas de los juguetes, por ejemplo.

A la hora de regalarles a los más pequeños de la casa, es necesario tener en cuenta, en primer lugar, el rango de edades por juguete, es decir, si es apto para el niño según su edad y acorde a sus necesidades. Por otro lado, es fundamental que el juego sea seguro, que no contenga piezas extraíbles o muy pequeñas, puntiagudas o de materiales como el metal o el vidrio, que pueden ocasionar accidentes. Hay que prestar atención a los que incluyen pilas, puesto que estas pueden soltar sustancias tóxicas que pueden producir, incluso, perforaciones, en el caso de ser ingeridas.

Por tanto, lo más importante es no dejar al alcance de los niños ningún objeto que pueda llevárselo a la boca. Para ello, la recomendación por antonomasia es que los pequeños no deben manipular ningún objeto, alimento o juguete más pequeño que el diámetro de un rollo de papel higiénico (es decir, que no quepan por su interior). Tampoco deben correr, jugar o hablar mientras están comiendo y deben masticar bien. En cuanto a qué alimentos pueden ingerir, deben evitarse los pequeños y duros –con el fin de que no sean respirados–, así como los de consistencia gomosa, como es el caso de las uvas, puesto que estos productos no se deshacen ni con saliva ni con agua. En caso de hacerlo, es importante modificar su forma, cortándolos en varios trozos y quitándole la piel, en caso de tenerla.

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