Alergia-nasal

Estornudos, lloros, mocos, dificultad para respirar por uno o por ambos orificios de la nariz, tos, picor de nariz y de ojos, sensación de ardor, fotofobia y alteraciones del olfato son los principales síntomas de la alergia nasal. Afecta a entre un 10 a un 25% de la población mundial, más a adolescentes y a adultos jóvenes. Es raro que la sufran niños menores de 5 años y que aparezca después de haber cumplido los 35 años. Pasados los 60, hay una buena noticia: los síntomas tienden a mejorar.

El 80% de las personas con asma sufren también rinitis alérgica, un porcentaje que disminuye hasta un 20 o 40% a la inversa. Cada vez la sufren más personas. Sin embargo, hay quien la sufre y le resta importancia creyendo que esos síntomas no son consecuencia de una alergia y descartan ir al médico. Aun así, es una de las diez causas principales que llevan a los ciudadanos al centro de salud solicitando asistencia sanitaria.

La rinitis es una inflamación de la mucosa nasal. La rinitis alérgica, la forma más recuente de rinitis no infecciosa y está asociada a una respuesta inmunitaria ante la presencia de alérgenos. Esta es la definición de la W.A.O. (World Allergy Organization): “La expresión rinitis alérgica se debe utilizar para referirse a los cuadros que cursan con síntomas nasales de hipersensibilidad (prurito, rinorrea, obstrucción, estornudos) mediados por el sistema inmunitario. Como en la mayoría de los casos los anticuerpos implicados son del tipo IgE sería más adecuada la expresión rinitis alérgica mediada por IgE”.

La alergia nasal puede incluso provocar alteraciones del estado de ánimo, astenia y alteraciones cognitivas, afectar a la vida social y al trabajo o los estudios siendo causa de absentismo tanto laboral como escolar.

Como medidas de higiene se recomienda una óptima higiene de las cavidades nasales, un sonado suave para no producir daño en los oídos, y lavados con solución fisiológica. Cuando los síntomas son graves, se recomienda acudir al otorrinolaringólogo para que determine cuál es el tratamiento farmacológico idóneo que deberá seguir el paciente, algo que variará en función de la patología del alérgico. Puede ser a base de corticoides, (la medicación más potente para el tratamiento de la rinitis alérgica), antihistamínicos, anticolinérgicos o inhibidores de la degranulación. También podrían seguirse, cuando el especialista lo indique, curas termales o tratamientos de desensibilización al alérgeno.

Aspectos de la rinitis alérgica a tener en cuenta:

-La genética y la exposición ambiental están detrás de ella.

-Es más frecuente en países desarrollados.

-Se asocia a un estilo de vida ‘occidental’ y urbanita.

-La contaminación provoca lesiones inflamatorias que incrementan la permeabilidad a los alérgenos y reduce la capacidad de eliminarlos.

-La contaminación modifica la forma de los granos de polen de algunas plantas y los estimula como vehículos de alergia.

-El polen es el principal responsable de la rinitis alérgica estacional.

-Cuando los síntomas se prolongan, la alergia está asociada a los ácaros del polvo, las proteínas de animales y los hongos presentes en el domicilio.

-El humo del tabaco, los olores penetrantes, la iluminación intensa, los cambios bruscos de temperatura y los ambientes con aire acondicionado empeoran los síntomas.

-Los días ventosos cuando aumenta la concentración y distribución del polen no ayudarán a mejorar la situación.

-Los días lluviosos, la humedad y el tiempo nuboso, por contra, disminuyen la polinización y, por tanto, los síntomas.

 

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